Un chico de 16 años se comió 30 latitas de comida para gatos y luego estuvo dos meses hospitalizado. A otro le dio por ingerir abono de colores como si fueran chucherías. Los hay que van buscando alimentos en las papeleras del colegio o en la basura. Los que se comen gomas de borrar o un kilo de galletas. Incluso los que se tragan un tubo entero de pasta de dientes.
La culpa de todas estas ingestas hiperbólicas la tiene una enfermedad llamada Síndrome de Prader Willi (3.000 casos en España), un desorden genético producido por la alteración del cromosoma 15 que genera retraso mental y que afecta al hipotálamo, la parte del encéfalo que -entre otras cosas- rige el sueño y la vigilia (los enfermos duermen mal), la necesidad de beber agua (nunca tienen sed), el crecimiento (son bajos), la cuestión hormonal (no gestionan bien las emociones) y la sensación de hambre (no se sacian jamás).
No hay comentarios:
Publicar un comentario